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Día Mundial de la Salud Mental 2026: UNA REFLEXIÓN DESDE EL ICHTSC

hace 6 horas
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Cartel Oficial del Día de la Salud Mental del Instituto Chileno de Trabajo Social Clínico
Cartel Oficial del Día de la Salud Mental del Instituto Chileno de Trabajo Social Clínico

Una prioridad mundial que exige respuestas terapéuticas y sociales oportunas, accesibles y prioritarias


Más de mil millones de personas viven con problemas de salud mental en el mundo. Los informes de la OMS muestran importantes brechas de atención, insuficiencia de recursos y la necesidad de fortalecer los servicios comunitarios, la protección social y las respuestas basadas en derechos humanos y al trauma. Ante esto, cada 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, una oportunidad para reflexionar sobre el bienestar psicológico, emocional, relacional y social de las personas y sobre las responsabilidades de los Estados, las instituciones, las sociedades científicas y las comunidades en su promoción y protección. Lo cual se expresa en los informes internacionales publicados ya desde 2025, junto con los antecedentes nacionales de 2026, hacen especialmente pertinente este llamado.


«Si la salud mental es una prioridad mundial, nuestras respuestas terapéuticas y sociales también deben ser oportunas, accesibles y prioritarias».


Desde el Instituto Chileno de Trabajo Social Clínico (IChTSC), esta declaración sintetiza una preocupación institucional: el reconocimiento público de la salud mental debe traducirse en políticas, recursos, servicios, nuevas prácticas y condiciones sociales que permitan responder efectivamente a las necesidades de las personas. No puede limitarse simplemente a una preocupación discursiva, más bien, esto exige compromisos con la dignidad, el bienestar colectivo y el derecho a recibir atención terapéutica adecuada y de calidad.


1. La salud mental en el mundo: más de mil millones de personas necesitan respuestas


En septiembre de 2025, la Organización Mundial de la Salud (OMS) presentó el World Mental Health Today y el Mental Health Atlas 2024. Sus resultados indican que más de mil millones de personas viven con problemas de salud mental en el mundo; siendo la ansiedad y la depresión, las cuales figuran entre las afecciones más frecuentes. Estas condiciones constituyen una causa importante de discapacidad y afectan la vida cotidiana, los vínculos, el trabajo, la educación y la participación social (OMS, 2025a, 2025b). La OMS estima que la depresión y la ansiedad representan pérdidas cercanas a un billón de dólares estadounidenses anuales en productividad mundial. No obstante, su importancia no se agota en el costo económico: detrás de cada indicador existen experiencias de sufrimiento, necesidades familiares y comunitarias, y demandas de acompañamiento que deben atenderse con dignidad. Según las estimaciones divulgadas en 2025, durante 2021 ocurrieron aproximadamente 727.000 muertes por suicidio a escala mundial. Este dato subraya la necesidad de políticas integrales de prevención, detección temprana, atención terapéutica y protección social (OMS, 2025c).


2. Una contradicción mundial: necesidades crecientes y recursos insuficientes


El Mental Health Atlas 2024 muestra una distancia persistente entre la magnitud de las necesidades y los recursos disponibles. Ante esto, los países destinan una mediana aproximada del 2 % de su presupuesto sanitario a salud mental, prácticamente sin cambios respecto de 2017. La inversión por habitante difiere marcadamente entre grupos de ingresos: alrededor de 65 dólares en países de ingresos altos frente a 0,04 dólares en los de ingresos bajos (OMS, 2025b). La disponibilidad de trabajadores de salud mental también es desigual. El informe presenta una mediana mundial cercana a 13 trabajadores por cada 100.000 habitantes, con grandes diferencias entre países. En países de ingresos bajos, menos del 10 % de las personas con psicosis recibe atención, mientras que en países de ingresos altos la cobertura supera el 50 %.

La prioridad de la salud mental pierde fuerza si no se acompaña de inversión, accesibilidad y capacidad efectiva de respuesta. Una atención tardía puede prolongar el sufrimiento y dificultar las oportunidades de recuperación. Mejorar los servicios implica ampliar la cobertura y, al mismo tiempo, asegurar pertinencia, continuidad, coordinación y calidad.


3. La salud mental no puede comprenderse separada de las condiciones sociales


La OMS destaca que la salud mental está influida por factores individuales, familiares, comunitarios y estructurales. La pobreza, la violencia, la desigualdad y determinadas condiciones ambientales pueden incrementar riesgos, mientras que las relaciones sociales positivas, la educación, el trabajo decente y los entornos seguros pueden actuar como factores protectores (OMS, 2026a).


Para el Trabajo Social Clínico, el sufrimiento humano no se interpreta como una experiencia exclusivamente individual, la cual esté separada de las relaciones, las trayectorias biográficas y las condiciones sociales. Es así como la violencia, discriminación, precariedad, exclusión, aislamiento y vulneración de derechos pueden incidir profundamente en el bienestar. Esta comprensión no niega las dimensiones biológicas o psicológicas: reconoce su interacción con la vida social. Una persona puede necesitar terapia y, simultáneamente, protección frente a la violencia, vivienda, apoyo familiar, seguridad económica o fortalecimiento de sus redes. La atención terapéutica, el trabajo comunitario y la protección social no deben presentarse como alternativas excluyentes, sino como componentes complementarios de respuestas integrales.


Ilustración 1 para el Día de la Salud Mental del Instituto Chileno de Trabajo Social Clínico
Ilustración 1 para el Día de la Salud Mental del Instituto Chileno de Trabajo Social Clínico

4. Fortalecer los servicios comunitarios de salud mental


La OMS propone avanzar hacia sistemas de atención comunitaria, integrados y centrados en las personas. La transformación de modelos predominantemente institucionales continúa siendo desigual: las cifras difundidas en la campaña de 2026 señalan que solo una pequeña proporción de países ha completado esa transición, mientras muchos se encuentran aún en etapas iniciales (OMS, 2026b). Los servicios comunitarios pueden facilitar una atención más accesible, respetuosa de los derechos humanos y conectada con la vida cotidiana. Su desarrollo requiere atención primaria, servicios especializados, rehabilitación psicosocial, apoyo entre pares y coordinación con escuelas, organizaciones comunitarias y sistemas de protección social. Desde el Trabajo Social Clínico, la atención individual es una posibilidad importante, pero no la única. La consejería, la intervención en crisis, la terapia familiar, los grupos terapéuticos y el acompañamiento psicosocial pueden integrar respuestas articuladas, siempre que se desarrollen dentro de competencias profesionales pertinentes y condiciones éticas adecuadas. Fortalecer la salud mental comunitaria no significa prescindir de la atención especializada, sino conectarla con redes de cuidado (IChTSC, 2020).


5. Día Mundial de la Salud Mental 2026: escuchar a las personas y transformar los servicios


La campaña de la OMS para 2026 enfatiza la participación de las personas con experiencia vivida en salud mental, bajo el llamado a escuchar sus voces y promover cambios reales. La participación no debe limitarse a testimonios: requiere incidencia significativa en el diseño, la implementación y la evaluación de servicios y políticas (OMS, 2026b). De acuerdo con los antecedentes del Mental Health Atlas 2024 citados por la campaña, cerca del 45 % de los países participantes informó colaboración con personas con experiencia vivida y organizaciones de familiares o cuidadores en actividades de planificación, prestación o seguimiento. Un 37 % reportó su participación en capacitación dirigida a trabajadores de atención primaria. Desde una perspectiva clínica colaborativa, las personas no son receptoras pasivas de intervenciones: aportan conocimientos sobre sus propias experiencias y participan en la construcción de alternativas de cuidado. Una atención centrada en las personas debe construirse con ellas y no solamente para ellas.


6. La salud mental requiere respuestas interdisciplinarias y colaboración profesional


Ninguna disciplina puede responder por sí sola a todas las dimensiones del sufrimiento humano. Psiquiatría, psicología, trabajo social, enfermería, terapia ocupacional y otras profesiones contribuyen desde competencias específicas a la construcción de respuestas integrales. La colaboración exige formación, derivación pertinente, supervisión y responsabilidad profesional. El Trabajo Social Clínico constituye una tradición especializada que articula conocimientos clínicos, terapéuticos, relacionales y sociales. Su aporte es relevante cuando el sufrimiento se relaciona con dinámicas familiares, trauma, desigualdades, exclusión, crisis vitales y dificultades interpersonales. Promover su formación especializada y su ejercicio ético es compatible con reconocer los marcos normativos y las competencias de otras disciplinas. El desafío no consiste en competir por territorios profesionales, sino en construir mejores condiciones de colaboración para responder a las necesidades de las personas.


Ilustración 2 para el Día de la Salud Mental del Instituto Chileno de Trabajo Social Clínico
Ilustración 2 para el Día de la Salud Mental del Instituto Chileno de Trabajo Social Clínico

7. Del reconocimiento mundial a las respuestas concretas


Los informes internacionales muestran que los desafíos de salud mental no se explican únicamente por la magnitud de las necesidades, sino también por la insuficiencia de los sistemas de atención. Se requiere inversión pública sostenida, acceso oportuno a servicios terapéuticos, redes coordinadas, formación especializada, supervisión y condiciones laborales que favorezcan una atención de calidad. Asimismo, las políticas deben incorporar los determinantes sociales: vivienda, empleo, educación, protección social y vínculos comunitarios. La participación de personas con experiencia vivida debe formar parte real de la planificación y evaluación. Estas orientaciones dialogan con el Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013–2030 de la OMS.


8. Nuestro compromiso desde el Trabajo Social Clínico


En este Día Mundial de la Salud Mental, el Instituto Chileno de Trabajo Social Clínico reafirma su compromiso con el desarrollo de conocimientos y prácticas que contribuyan al bienestar de personas, familias y comunidades. Promovemos una práctica clínica que reconozca la singularidad de las experiencias y, a la vez, la importancia de los vínculos, las redes comunitarias y los derechos sociales. La atención terapéutica no puede ser la única respuesta frente al sufrimiento: las sociedades necesitan condiciones protectoras, relaciones significativas, prevención de violencias y garantía de derechos. La salud mental requiere espacios de escucha y acompañamiento, instituciones capaces de responder y políticas públicas que protejan.


9. Chile frente a la salud mental: preocupación ciudadana, brechas de atención y desafíos presupuestarios


9.1 Chile y la preocupación internacional por la salud mental


El informe Ipsos Health Service Report 2025, basado en una encuesta internacional, indicó que el 68 % de los participantes en Chile identificó la salud mental como uno de los principales problemas sanitarios, frente a un promedio de 45 % entre los países consultados. El porcentaje informado para Chile había sido 26 % en 2018. Son percepciones autorreportadas y no medidas de prevalencia clínica (Ipsos, 2025). El informe internacional de 2026 vuelve a destacar la salud mental entre las preocupaciones sanitarias más mencionadas. La comparación entre ediciones debe interpretarse según sus muestras y metodologías; no equivale a demostrar que Chile presenta la mayor prevalencia de trastornos mentales (Ipsos, 2026).


9.2 Indicadores recientes y desigualdades sociales


Los resultados difundidos en octubre de 2026 de la duodécima ronda del Termómetro de Salud Mental Achs–UC señalaron que el 18,5 % de las personas adultas encuestadas presentaba indicadores compatibles con problemas de salud mental, frente al 12,7 % en abril de 2025. También se informaron 16,2 % con sintomatología depresiva moderada o severa y 17,9 % con síntomas de ansiedad (Achs–UC, 2026a). Entre las personas desempleadas se informó un 36,7 % con síntomas depresivos moderados o severos, frente a 14,1 % entre quienes tenían empleo. Esta asociación no demuestra causalidad, pero invita a considerar las condiciones laborales, la seguridad económica y las redes de apoyo en la comprensión del sufrimiento.


9.3 Barreras para recibir atención


Una ronda anterior del Termómetro de Salud Mental Achs–UC, centrada en el acceso, informó que una proporción considerable de personas con dificultades de salud mental no había buscado ayuda profesional o no había logrado acceder a ella. Entre quienes reconocían necesitar atención, se describieron barreras económicas, tiempos de espera, cobertura y transporte (Achs–UC, 2026b). Estas dificultades muestran que el acceso no depende exclusivamente de la voluntad individual de solicitar ayuda: también está condicionado por la organización de los servicios y por desigualdades sociales y territoriales.


9.4 Ajustes fiscales y continuidad de los servicios


Durante 2026 se anunciaron ajustes al gasto público. El Ministerio de Salud informó en mayo que había moderado el ajuste sectorial al 2,5 % y sostuvo que las medidas de eficiencia permitirían preservar la continuidad de la atención. Es importante distinguir el ajuste general del sector de cualquier reducción particular en programas de salud mental; sus efectos reales requieren seguimiento de ejecución y prestaciones (MINSAL, 2026a). En la documentación presupuestaria de 2026, el programa Apoyo a la Atención de Salud Mental, dependiente de la Subsecretaría de Servicios Sociales, figura con una variación de −100 % respecto del año anterior. La explicación presupuestaria se relacionó con una revisión de duplicidades programáticas. Ello no demuestra por sí solo que todas las prestaciones dirigidas a sus beneficiarios hayan desaparecido: corresponde verificar si fueron asumidas por otras líneas de atención (Dipres, 2025a).


Ilustración 3 para el Día de la Salud Mental del Instituto Chileno de Trabajo Social Clínico
Ilustración 3 para el Día de la Salud Mental del Instituto Chileno de Trabajo Social Clínico

9.5 Reconocer también los avances de financiamiento


Los antecedentes oficiales muestran, paralelamente, incrementos acumulados de financiamiento para salud mental: la documentación del Presupuesto 2026 menciona un aumento desde aproximadamente 88 mil millones de pesos en 2022 hasta 186 mil millones en 2026. La Cuenta Pública Sectorial 2026 informó un crecimiento de las prestaciones de salud mental de 3,2 millones en 2021 a 6,2 millones en 2025, y un gasto en salud mental equivalente al 4,7 % del gasto sanitario (Dipres, 2025b; MINSAL, 2026b). Estos datos deben leerse conjuntamente: el crecimiento del presupuesto agregado no elimina necesariamente las brechas de acceso, del mismo modo que un ajuste fiscal no acredita por sí solo una disminución homogénea de todos los servicios. La evaluación requiere indicadores de cobertura efectiva, oportunidad, continuidad, calidad y distribución territorial.


9.6 De la preocupación ciudadana a una prioridad efectiva


Chile presenta una alta preocupación ciudadana por la salud mental, avances de inversión y expansión de prestaciones, pero también dificultades de acceso y restricciones fiscales que merecen seguimiento. Desde el IChTSC consideramos fundamental fortalecer una perspectiva integral que vincule la atención clínica y terapéutica con protección social, prevención, intervención comunitaria y colaboración interdisciplinaria.


«Si la salud mental es una prioridad mundial, nuestras respuestas terapéuticas y sociales también deben ser oportunas, accesibles y prioritarias».


La verdadera prioridad de la salud mental no debería medirse únicamente por cuánto preocupa a la ciudadanía o cuánto aumenta el presupuesto, sino también por la capacidad efectiva de garantizar respuestas terapéuticas y sociales oportunas, accesibles, continuas y dignas.


Referencias



Nota editorial: referencias y cifras compiladas de los textos preparados para esta nota. Antes de su publicación definitiva conviene comprobar los enlaces, las fechas y la correspondencia exacta de cada cifra con su fuente primaria.

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