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Trabajo Social Clínico en Chile: Enigma, Poder y Resistencia

Actualizado: 29 de jun de 2019


28/06/2019


El Trabajo Social Clínico no deja indiferente a nadie, ni dentro, ni fuera de la profesión. Mitos, opresiones y desconocimientos hacen funcionar el aparataje disciplinario que intenta colonizar y monopolizar la subjetividad humana, activando el orden del discurso de un saber clínico como una lectura única, monológica y dogmática. Lo que acontece en Chile respecto al surgimiento del Trabajo Social Clínico y la polémica que surge con un sector ortodoxo de la Psicología, nos remonta a lo ocurrido en Estados Unidos a finales de los años 60 en California, cuando un Procurador General -algo parecido a la Contraloría- de aquel estado negaba la práctica de la psicoterapia en el Trabajo Social. (Dorfman, 1988; Northen, 1995; Dorfman, 1996; Paquin, 2009; Groshong, 2009)


No obstante, esto fue la piedra angular para una serie de movimientos que terminaron en la creación de una ley de especialidades, que finalizó con una aprobación para la creación de las licencias clínicas en trabajadores sociales, regularizando el ejercicio del Trabajo Social Clínico en todo Estados Unidos. El movimiento del Trabajo Social se empoderó duramente, se establecieron Sociedades de Trabajo Social Clínico en varios estados y en 1971 se fundó la Federación Nacional de Sociedades de Trabajo Social Clínico[1] y en 1973 la misma institución promueve la principal revista académica Clinical Social Work Journal, la cual posee hasta la fecha 1.968 artículos sobre el tema, distribuidos en 48 volúmenes[2]. Actualmente la American Psychological Association (APA, 2017) establece la actividad terapéutica entre varios profesionales, incluidos los trabajadores sociales.


William Meyer (2018, p.1), un destacado trabajador social clínico, miembro de la revista anteriormente citada, y de la Asociación Americana de Psicoanálisis en Trabajo Social Clínico[3], quién además es académico de la Duke University, figura relevante que ha apoyado el movimiento sobre Trabajo Social Clínico en Chile y en otros países de Latinoamérica, en una carta abierta, ante la polémica opresiva que la Psicología Ortodoxa comenzó a realizar sobre las “Orientaciones y Normas Técnicas del Trabajo Social en Salud” expresaba lo siguiente:


“Es con gran interés y nostalgia que me entero sobre la lucha de los trabajadores sociales clínicos por ser reconocidos en Chile y en otras áreas de Latinoamérica. Me recuerda en donde nos encontrábamos hace más de 30 años atrás en Estados Unidos. En aquel tiempo, era necesario que los psicólogos y médicos contrataran a trabajadores sociales para lograr realizar trabajo clínico privado y ser reembolsados por empresas de seguros de salud. Los psicólogos y médicos querían aquel sistema para mantener superioridad sobre sus colegas trabajadores sociales. Los trabajadores sociales clínicos, sin embargo, reconocieron que estaban siendo sometidos a una position inferior por los otros profesionales y sabían que los mantenían como “criados” en servidumbre. Además se reconoció que aquella situación se había desarrollado de tal forma porque muchas trabajadoras sociales clínicas eran mujeres…Somos una profesión noble y jamás debemos ser consignados a un estatus secundario, con menos derechos y privilegios”.



Pero el Trabajo Social Clínico no solo está reconocido en Estados Unidos, también en países como Puerto Rico, Alemania, Suiza, Austria y Noruega. Otros países como Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido, China, Israel, Suecia, Finlandia, por nombrar algunos; se reconoce al trabajador social como un profesional experto en salud mental, legitimado y autorizado para ejercer la terapia dentro de sus funciones profesionales, siendo estas reembolsadas por seguros de salud, destacando la terapia familiar como uno de los principales campos de conocimiento y de ejercicio, donde los trabajadores sociales han sido claves en su desarrollo. (Rosselot y Carrasco, 1997; Bertrando y Toffanetti, 2004; Robert et al, 2014)


David Denborough (2018) un destacado terapeuta narrativo y trabajador social, co-director del principal centro de Terapia Narrativa “Dulwich Centre en Australia, en una carta abierta en apoyo al Trabajo Social Clínico emergente en Chile, escribía lo siguiente:


“Aquí en Australia, los trabajadores sociales desempeñan un importante papel en la prestación de atención clínica de la salud mental. Tanto es así, que existe una designación de trabajadores sociales acreditados en Salud Mental reconocidos por el Gobierno Australiano. La regulación legal del Trabajo Social Clínico demuestra que los Trabajadores Sociales pueden y deben desarrollar trabajo psicoterapéutico y realizar intervenciones de terapia social para aliviar el sufrimiento y contribuir al bienestar de las comunidades en las cuales trabajan. Los trabajadores sociales están bien capacitados para trabajar clínicamente con individuos, familias y comunidades. La fuerte presencia de la terapia narrativa en Australia (una perspectiva desarrollada por los trabajadores sociales Michael White y David Epston) habla de la importancia de reconocer y apoyar el Trabajo Social Clínico”.



Entonces ¿A qué se debe esta polémica que esconde en variados argumentos la discriminación, la exclusión y la opresión de la práctica clínica del Trabajo Social en Chile? Primero que nada debemos señalar que el Trabajo Social en Chile ha sufrido de un daño social importante, principalmente por los estragos que la dictadura militar ocasionó en la profesión, creando un trauma psicosocial colectivo tal como lo enuncia Ignacio Martín-Baró y que recién hoy estamos sanando. Gran parte de la intervención militar, además de asesinar, torturar y hacer desaparecer a los y las trabajadores/as sociales, quitó el rango universitario por varias décadas e intervino las mallas curriculares, las cuales constituían un peligro, ya que los trabajadores sociales estaban y habían estado históricamente en contacto directo con las personas, grupos y comunidades. (Quiroz, 2004)


No obstante, y pese a lo hostil del escenario, muchos y muchas trabajadoras sociales tuvieron que ejercen su profesión dentro de la iglesia, y principalmente en la Vicaría de la Solidaridad, institución que velaba por la reparación, justicia y atención de las personas que han sido vulneradas en sus derechos humanos, por lo que podríamos considerar un ejemplo de práctica clínica su labor ejercida, la cual fue realizada prácticamente en la clandestinidad y bajo la amenaza de ser asesinados/as. (Del Villar, 2018)


Con el regreso de la democracia, lo cual impulsó la recuperación del trabajo con familias y del método de casos en Trabajo Social, el cual mantenía tres funciones específicas, ser asistencial, terapéutico y educativo (Gallardo, 1990) sumado a la incorporación de nuevos horizontes de trabajo comunitario y en red, el Trabajo Social se abocó y recuperó en una gran medida su trabajo en la reparación de los derechos humanos, del ámbito sanitario y a las nuevas propuestas para el trabajo infanto-juvenil, un documento importante en este sentido fue las “Orientaciones y Normas Técnicas para el Asistente Social en Salud” (1993) el cual sigue vigente y que es la génesis que ha motivado a su actualización para dar respuesta a los escenarios actuales. Posteriormente en la década del año 2000, se hicieron esfuerzos que culminaron en la recuperación del grado universitario, y dentro de la historia de la ley N°20.054 se expresa lo siguiente:


“la labor de los asistentes sociales chilenos ha quedado marcada en la historia social y política…incluyendo la apertura de métodos innovadores en su tiempo, como fueron el desarrollo de la terapia familiar, la organización del movimiento poblacional y vecinal; la teoría del desarrollo local; la asistencia social especializada para víctimas de la represión política durante el Gobierno Militar; la implementación de las políticas y programas de promoción de la mujer y de combate a las discriminaciones de género hasta la administración de sistemas privados de seguridad social, hasta los aportes en materia de gerencia de recursos humanos en las empresas, en cada una de estas áreas y en muchas más...Las y los asistentes sociales día a día hacen su aporte al progreso humano de nuestra nación y eso merece ser reconocido”. (Congreso Nacional de Chile, 2002, p.5-6)



Todos estos cambios en la profesión, sumado a la constante necesidad de cualificar la práctica del Trabajo Social, y al mismo tiempo, a la urgencia de recuperar espacios propios de la profesión que fueron expropiados y colonizados por otras profesiones en tiempos de dictadura. Lo cual se constituye en conocimientos, saberes y espacios profesionales que están documentados en la historia de la disciplina, y en las principales revistas de la Trabajo Social, como la revista de Trabajo Social de la Pontificia Universidad Católica de Chile o de la Universidad de Concepción, o en la propia literatura producida en el país. Todo esto hace un llamado a pensar y visualizar un Trabajo Social complejo, especializado, altamente riguroso, ético y emancipador, que sea acorde a las necesidades de las personas, familias y colectivos con los cuales se trabaja, y que en su gran mayoría sufren de problemas de salud mental, de violencia familiar o social, de consumo problemático de alcohol y drogas, exclusión social u otros malestares subjetivos propios de tener un sistema neoliberal avanzado que erosiona las subjetividades y pauperiza a la mayoría de los ciudadanos del país. (Rose, 1997; Rose, 2007; Rose, 2019)


Desde el año 2018 hasta la fecha, respecto al Trabajo Social Clínico se han realizado las siguientes actividades y/o acciones:


  1. Trece seminarios sobre el tema en las siguientes universidades: Universidad de La Frontera, Universidad Arturo Prat de Iquique, Universidad del Bío Bío, Universidad de Valparaíso, Pontificia Universidad Católica de Chile, Universidad Católica de la Santísima Concepción, Universidad Tecnológica de Chile sede Iquique, Universidad Santo Tomás sede Iquique, Universidad San Sebastián sede Santiago, Universidad de Viña del Mar.

  2. El Colegio de Trabajadores Social de Chile a mediados de Junio del 2018 conforma el Comité Asesor de Trabajo Social Clínico y Salud Mental, siendo único en su historia. Por otro lado ha realizado 5 cursos sobre Trabajo Social Clínico desde una perspectiva narrativa y antio-opresiva en las ciudades de Santiago, Valparaíso, San Antonio y Concepción. Sumado a un Conversatorio Internacional abierto y gratuito realizado el 15 de Mayo del 2019.

  3. El Trabajo Social Clínico chileno ha tenido presencia en 5 actividades internacionales: En un Congreso de Trabajo Social en la ciudad de Puno en Perú, en el II Encuentro Latinoamericano de Derechos Humanos y Salud Mental en el Uruguay, en un Foro (vía streaming) en la Carrera de Trabajo Social de la Universidad Técnica de Ambato en Ecuador. Finalmente un Seminario y en un curso especializado sobre Trabajo Social Clínico y Terapia Familiar en el Centro Latinoamericano de Trabajo Social (CELATS – Perú)


Como una consecuencia natural de todos estos eventos, nosotros como Instituto Chileno de Trabajo Social Clínico nacemos al igual que las instituciones que operan en gran parte del mundo y que están vinculadas al desarrollo de esta especialidad en la profesión. Como un proyecto social amplio que busca legitimar, aportar y dar una voz a los y las profesionales del Trabajo Social en el desarrollo de una práctica terapéutica cualificada en nuestro país y en Latinoamérica, tenemos un sello distintivo particular en estas latitudes, ya que el Trabajo Social Clínico para nosotros es una práctica terapéutica especializada, postgraduada, crítica, política y performativa. Nuestra metodología unifica los métodos del Trabajo Social en una sola plataforma clínica –trabajamos a nivel micro y macro–. Al mismo tiempo, mantenemos una perspectiva crítica hacia la utilización de diagnósticos psi y a todos aquellos conocimientos reduccionistas del poder psi. Nuestra práctica clínica abarca diversas formas de terapias ligadas al empoderamiento de las personas, a la justicia social, a la emancipación de los sectores oprimidos por el sistema social, manteniendo una pedagogía de la liberación en salud mental, una ética colaborativa, sumado a un trabajo colectivo y en red que sea restaurativo de los derechos humanos de las personas, promoviendo su agencia personal como sujetos activos y autores de sus propias vidas. Todo esto es acorde a la última definición de Trabajo Social propuesta por la Federación Internacional de Trabajadores Sociales en el año 2018.


Si utilizamos el apellido “clínico” es para evocar un concepto subversivo, y que se traduce en oponerse a todas las prácticas de poder y de control social, principalmente con aquellas que etiquetan, descalifican y oprimen a las personas mediante saberes normalizadores de la subjetividad. Al mismo tiempo, habitamos el concepto “clínico” desde otro lugar, fuera del conocimiento médico-psiquiátrico o psicológico normativo, entendemos el pensar y hacer clínico como una forma de crítica social y como plataforma micropolítica (Pakman, 1997) que desafía los guiones preestablecidos de lo normal y lo políticamente correcto del quehacer en salud mental.


El Trabajo Social Clínico chileno cuenta con el apoyo del Centro Latinoamericano del Trabajo Social (CELATS) y actualmente el movimiento ha sido informado a la FITS Latinoamérica y el Caribe. Además el Colegio de Trabajadores Sociales de Chile legitima su difusión y quehacer. En el 2020 la Pontificia Universidad Católica de Chile (2019) tiene proyectos importantes de postgrado en Trabajo Social Clínico, esto fue enunciado en su seminario respectivo a comienzos de Abril, el cual contará con el apoyo de la University of Texas at Austin de Estados Unidos, proyecto que ofrece una apertura importante a una necesidad colectiva de mayor formación profesional. Al mismo tiempo, el Colegio de Trabajadores Sociales de Chile se encuentra revisando y actualizando sus Orientaciones y Normas Técnicas, según el dictamen de Contraloría; además de seguir brindando formación en esta línea de especialidad.


Es importante considerar que estamos en un momento histórico relevante de la profesión y que es necesario avanzar para construir colaborativamente con todas las profesiones de ayuda involucradas con la salud mental para organizar un movimiento que busque dignificar a los propios trabajadores del área social, que mejore nuestro sistema de salud mental, como también la protección a los niños, niñas y adolescente vulnerados en sus derechos, y que luche por las personas en situación de exclusión, de calle y violencia, y principalmente que entregue servicios especializados a todxs los seres humanos que necesitan de prácticas clínicas cualificadas, éticamente comprometidas y que estén en post de construir una sociedad mejor.



REFERENCIAS:



[1] https://www.clinicalsocialworkassociation.org/


[2] https://link.springer.com/journal/10615


[3] https://www.aapcsw.org/


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